Antes de la historia

La pequeña Alasse siempre se había sentido desplazada en su aldea. Ser la única semielfa en una aldea humana no contribuía a mejorar ese sentimiento. Su padres adoptivos siempre habían intentado hacer que se sintiera integrada, pero ella se sabía distinta. Quizás fuera por sus orejas, ligeramente puntiguadas, o por su curiosidad innata que no parecía compartir nadie en aquel lugar donde la gente estaba más concentrada en trabajar para salir adelante un día más que en descubrir el mundo.

Earsel y Kanon se despidieron de sus compañeros. Sus experiencias en la pirámide les habían afectado a todos en mayor o menor medida. Lilith e Ian decidieron volver a Refugio Invernal, mientras que Derkin partió hacia Cormyr a reunirse con aquellos compañeros de los que se había visto separado al quedar encerrado en la pirámide. El explorador y la maga decidieron partir hacia la costa de la espada,en busca de nuevas aventuras.

La vida en las montañas era dura. Wuk pertenecía a una tribu de bárbaros de las montañas, donde ejercía como una especie de chamán para su pueblo, cargo que ejercía siempre el guerrero mejor dotado. Su tribu se dedicaba al comercio entre los reinos enano y humano, y gracias a ello su conocimiento de las montañas era excepcional. Pese a la dureza de esas tierras, su vida y la de su familia era feliz, sus guerreros eran los mas fieros de las montañas y a la vez, los mas hospitalarios. No dudaban en rescatar a viajeros extraviados o en acoger en su seno a los pequeños que perdían a sus familias en las frecuentes razzias que hacían los orcos en los poblados de las montañas.

Alasse nunca tuvo tiempo de aprender a leer. Por eso, le llamó tanto la atención aquel libro que encontró en aquella cueva. Y más aún le sorprendió entender lo que ponía al abrir sus páginas. En ese momento, oyó una voz en su cabeza.
- Este libro puede ayudarte a defenderte, y a viajar y descubrir todo lo que quieras. ¿Te gustaría que fuera tuyo?
- ¡Por supuesto!
- Entonces, tuyo es el libro, y ahora tu y yo estamos unidos. Leelo, aprende. Vive feliz, y ya nos reuniremos.

Earsel Kanon viajaron hacia el Oeste. No tardaron en darse cuenta de que la pirámide les había cambiado más de lo que habían supuesto en un principio. Parecía que aquella explosión les había robado una parte de su ser. El pulso de Kanon no era tan firme, y los hechizos de Earsel se confundían en su cabeza. Tuvieron que volver a aprender a disparar su arco y a realizar los conjuros más sencillos, y sobreponerse a la frustración de sentir que eran poco más que dos aventureros novatos recien salidos a los caminos.

La vida del joven Theo había transcurrido plácidamente. Como clérigo de Helm había estudiado los preceptos de su dios y aprendido a combatir, tanto dando apoyo a un escuadrón de guerreros como en primera línea de batalla. Tenía la sensación de que la suerte siempre había guiado sus pasos, le había llevado a la puerta del templo de Helm justo cuando los sacerdotes iban a colgar un cartel en busca de novicios dispuestos a servir como escuderos para acabar formandose como clerigos. Su fe intachable, su habilidad con las armas y la inoportuna fractura de tibia de uno de sus compañeros mayores le habían llevado a ser el más joven aprendiz de clérigo en acompañar a los adultos en las expediciones. Y ahora estaba listo para echarse por primera vez a los caminos sólo, estrenando el símbolo que le acreditaba como clérigo de Helm, para llevar Su luz a todos los rincones. Y además se sentía con una misión. En sus sueños veía a una joven que necesitaba ayuda, a la cual protegía mientras ambos liberaban al mundo de un mal mayor.

La vida de Alasse continuó. Durante el día, cumplía con sus quehaceres pero al llegar la hora de acostarse, su libro se materializaba a su lado y ella lo leía en la oscuridad de su cuarto, sin necesidad de velas ni de conocer las palabras que tenía escritas. Un día, la gente de su aldea empezó a desaparecer. Alasse buscaba freneticamente en su libro la forma de proteger a su familia, pero no encontraba nada. Así que una noche, decidió acercarse a la cueva donde había oído aquella voz, pero fue infructuoso, allí sólo había murciélagos y líquenes. Cuando regresó a su aldea, ya en lo profundo de la madrugada, pudo ver a lo lejos como unas figuras encapuchadas sacaban a rastras de su casa lo que sin duda eran los cuerpos de sus padres y sus hermanos. Ahogando un grito de terror, salió corriendo en dirección contraria para no volver allí más.

Los tiempos felices de Wuk no duraron mucho más. En lo más crudo del invierno, él y sus guerreros tuvieron que salir al paso de una banda de orcos que se dirigía a su poblado. No costó demasiado amedrentarlos y hacer que huyeran. Sin embargo, al regresar descubrieron que les habían tendido una trampa. Mientras ellos salían al encuentro de los orcos, el resto de su banda había asaltado el poblado, saqueando las provisiones para el invierno, quemando algunas granjas y diezmando a las gentes que osaron enfrentarse a ellos. Wuk rugió de furia y rencor al descubrir, entre los caídos, a su mujer y su hijo pequeño, y prometió vengarse.

Días mas tarde, Alasse corría, esta vez huyendo de unos bandidos que la perseguían por el camino. Había intentado rechazarlos con los hechizos de su libro, pero por algún motivo, ninguno había acudido a su mente. Divisó una figura a lo lejos, parecía un clérigo. Con un poco de suerte, podría ayudarla. Cuando este la vió llegar, vió un extraño brillo en sus ojos
-"No temas, pequeña, yo te protegeré. ¡Que la luz de Helm guíe mi mano!
Se interpuso entre ella y sus perseguidores, listo para enfrentarse a los bandidos. Las fintas y escaramuzas se sucedían. Pese a los denodados esfuerzos del clérigo, este se veia muy superado en número por sus perseguidores. Estaba a punto de desfallecer cuando una flecha se clavó en la pierna de uno de los bandidos, mientras que las ropas de otro se prendían en llamas. Un arquero semielfo y una maga elfa surgieron de entre la espesura y se unieron a la pelea. Viéndose superados, los bandidos huyeron. Tras respirar por unos momentos, el semielfo, que por algun motivo parecía haberse roto las mallas y una nalga asomaba por el agujero, saludó amistosamente.
- ¡ Saludos, viajeros! Somos Kanon el semielfo y Earsel, la maga pirómana. ¿Queréis que os acompañemos?

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